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Real Skier: Happiness

4HandBlog

01/12/2016
Real Skier: La felicidad

Esta es la segunda entrada que escribimos con Tomás Coca y que él ha titulado: Motivos de sobra, motivos que faltan

La pasada temporada empezamos Tomás y yo un proyecto en el que queríamos escribir sobre las emociones que sentimos en la montaña. La primera entrega se tituló: El Miedo. En ella hablabamos de nuestro peor recuerdo en la montaña, por eso hoy vamos al otro extremo. ¿Qué es eso que nos mueve a pasar frío, cansancio....y miedo? Esa motivación que nos lleva a las cumbres viene de la recompensa, la hemos llamado felicidad. Esa sensación inmensa que nos hace sentir pletóricos, seres afortunados capaces de dejar huella en lugares poco transitados.

Tomás tiene uno de esos día inolvidables.

"Es difícil describir el motivo que nos lleva a realizar viajes desplazamientos largos buscando montañas nevadas. para Entender el esfuerzo de llegar y ponerse a  preparar el material de montaña y seguridad, revisar los esquís y las pieles, madrugar, dejar a la familia atrás y aventurarte en coche hacia un terreno del que desconoces como estarán las condiciones. Llevas tiempo mirando mapas del tiempo consultando la climatología, preguntando a amigos de la zona y revisando mapas para ver los mejores descensos (imaginándotelos en la cabeza mientras ensalivas).

Pero aun así es difícil comprender y describir el motivo qué nos lleva a meternos en un entorno salvaje y que conlleva sus riesgos.

Ese día de febrero no era diferente. Había nevado, pero cuando salimos camino a nuestro objetivo una densa niebla no nos dejaba ver las montañas  y no podíamos intuir en qué condiciones estaría más arriba. Mi compañero no dejaba de decir que allí tenía que estar despejado, que los mapas del tiempo eso decían. La carretera cada vez con más nieve, pero con la misma niebla heladora. El coche marca cinco grados bajo cero… ¿qué pasa? ¡Pero si estamos a casi 1200 metros y no vemos nada!

De repente la niebla clarea…cada vez más luz, cada vez un paisaje más invernal…cada vez…más nieve…Se nos ahoga la respiración y solo podemos pronunciar… ¡madre mía! ¡Cómo están las montañas!

 

Tenemos que dejar el coche, porque no podemos subir más a causa de la nieve en la carretera. El paisaje es espectacular…niebla alta en el valle, y ahí donde estamos, un sol cegador y los picos cargados de ese preciosos elemento blanco. Nos preparamos, comprobamos ARVAS…y empezamos a subir sobre una nieve perfecta, fría, suelta. Con los miedos de avalancha (ver, observar y testear) y manteniendo las distancias de seguridad, yo voy abriendo huella, me pueden las ganas y ver el manto inmaculado.

Al llegar al hombro de la arista, me quedo sorprendido ante la belleza. La naturaleza me ha brindado un espectro de Brocken sobre la niebla. Alcanzamos el objetivo, y nos transformamos. Casco, máscara, click en posición de esquí…estiramientos…respirar profundamente…descendemos.

 

 

Es difícil describir el motivo que nos mueve a practicar este deporte. Pero ese día fue de lo más sencillo en saberlo. Ese día fue perfecto".

 

Cuando entras en sintonía con la naturaleza.

"Es verdad que suelen ser días de nevadón los que te proporcionan jornadas inolvidables, este fue uno de ellos. Después de la tempestad vino la calma, y tras un par de días en los que cayó nieve a base de bien, subimos a ver qué regalo nos había dejado. La verdad es que la Montaña de León necesita poco para estar guapa, pero tuvimos el clásico día de buena suerte con polvo y sol. Tuvimos que sacar la pala para poder hacer sitio al coche y aparcar, era como estar en Canada..:)

 

Nos hemos vuelto un poco tontos con esto de hacer fotos con el móvil constantemente, pero era como ser niño con zapatos nuevos. Creo que en el ascenso me paré cada 20 metros, todo me parecía digno de una foto para el recuerdo. La capa era polvo puro, seca, de la que hace ñac ñac al pasar por encima con las focas. No llevabamos a Blasa, eso era lo único que hacía triste la jornada. Cuanto vamos a extrañarla en nuestras salidas a la nieve (tranquilos no ha muerto aún, pero es muy viejita..) Los perros lo hacen todo mejor, especialmente las aventuras.

Cuando estabamos en el cordal, ví a lo lejos una pala de esas que dicen "ven, ven.." Y para allá que tiramos, a las malas acababamos en la carretera (cómo así fue) y nos dabamos una pateada para bajar los adipocitos nalgueros.

 

Llegamos sobre la línea y paramos a comer algo, con esas vistas a veces da pena que todo acabe tan rápido. Llegada la hora, casco, máscara, click - click y empezamos a descender, pasada la primera pala ancha entramos en un pequeño bosquecillo ya casi sobre el arroyo. Muy buenas sensaciones, sólo queda caminar un rato por la carretera con ganas de volver a subir ahí arriba.

 

Por suerte, unos asturianos que nos habiamos cruzado, nos vieron a lo lejos y nos hicieron unas fotos preciosas. Días así se quedan en la memoria".

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